La Organización Mundial de la Salud (OMS) define estrés como un estado de preocupación o tensión mental generado por una situación difícil.
Se podría entender como un estado en el que las demandas (externas o internas) superan la capacidad de respuesta del individuo.
TIPOS
Agudo: se presenta en un momento puntual en el que nuestras capacidades se ven sobrepasadas. Por ejemplo, se puede dar en el trabajo ante picos altos de demanda, plazos apretados o conflictos laborales.
Crónico: aparece ante la exposición prolongada a factores que producen tensión emocional, que se mantiene en el tiempo y que afecta a diferentes áreas personales (física, mental, social).
Post-traumático: derivado de la exposición a experiencias de gran intensidad emocional, como pueden ser accidentes, desastres naturales o situaciones de violencia, abuso o maltrato.
SINTOMAS
La exposición a situaciones de estrés, sean prolongadas o no, produce un aumento en la liberación de hormonas como el cortisol (cuya función principal es aumentar la glucosa en sangre para proporcionar rápidamente energía al cuerpo) o la adrenalina (que aumenta la frecuencia cardíaca, dilata las vías respiratorias y distribuye energía para procurar una reacción inmediata)
Los síntomas de estrés pueden manifestarse en cualquiera de las siguientes áreas:
– Física: dolores de cabeza, tensión muscular, bruxismo, sudoración profusa, taquicardias, alteraciones en el ritmo normal del sueño, cansancio, alteraciones en el aparato digestivo (“ardor de estómago, diarreas, estreñimiento, digestiones pesadas), etc.
– Emocional: ansiedad, tristeza, alteraciones en la atención, concentración y memoria, dificultades para la toma adecuada de decisiones, irritabilidad, cambios de humor, sensación de agobio, preocupaciones excesivas…
– Comportamental: bloqueos, abandono de actividades, retraimiento, alteraciones en la alimentación, aumento en el consumo de sustancias (alcohol, tabaco, psicofármacos).
COMO PUEDE AYUDAR LA TERAPIA
Es recomendable acudir a un psicólogo cuando los síntomas de estrés aparecen y sobre todo si se ha intentado por otros medios mejorar la situación sin resultados. Una vez realizado el diagnóstico adecuado, el profesional ayudará a:
– Identificar las causas del estrés (situaciones, pensamientos o hábitos que lo generan)
– Realizar una reestructuración cognitiva (permite cambiar pensamientos negativos o inadecuados por aquellos más realistas y prácticos que ayuden a mejorar tanto las causas como los síntomas)
– Aprender a gestionar las emociones de forma adecuada (reconocer, comprender y regular lo que sentimos).
– Establecer hábitos básicos de salud (física y mental, rutinas adecuadas de sueño y hábitos saludables de nutrición)
– Implementar técnicas de relajación
– Recuperar o aprender técnicas de habilidades sociales (herramientas prácticas que mejoran la comunicación y las relaciones interpersonales).